domingo, 11 de enero de 2015

Cuento: La oveja

Madame D'Aulnoy


Una de las versiones originales de La bella y la Bestia. Se puede encontrar en inglés como "The ram".


***

En aquellos días felices en que las hadas vivían, reinaba un rey que tenía tres hijas. Eran hermosas, jóvenes, y buenas, pero la más joven era la más amable y querida, su nombre era Merveilleuse. Su padre, el rey, le daba más vestidos y cintas en un mes de lo que les dio a las otras en un año. Pero ella tenía tan buen corazón que compartía todo con sus hermanas, por lo que eran las mejores amigas.

El rey tenía vecinos malintencionados que, cansado de la paz, libraron una guerra terrible como contra él que temía que debía ser derrocado a menos que tuviera medios para defenderse a sí mismo. Así que reunió a un gran ejército y salió a la batalla con él. Las tres princesas se quedaron con su gobernador en un castillo en el que cada día una buena noticia de que el rey llegaba, a veces de que había tomado la ciudad, y otras de que había ganado una batalla. Al fin su éxito fue tal que conquistó a sus enemigos, y los expulsó de sus estados. Luego volvió con rapidez a su castillo para ver su pequeña Merveilleuse de nuevo, a la que amaba tanto. 

Las tres princesas tenían tres vestidos de satén hechas para ellas - uno verde, uno azul, y la tercera blancos. Sus joyas igualaban sus vestidos; el verde tenía esmeraldas, el azul turquesas y el blanco diamantes. Así ataviada, entró a la presencia versos de canto del rey que habían com planteados en sus victorias: 

"Hogar lejos del pleno muchos un campo muy reñida, donde el enemigo orgulloso se vio obligado a ceder. Reciba nuestro saludo, padre, rey. Y cuando las campanas de su anillo más fuerte, en todas partes las fiestas se extienden, oír en nuestros gritos, nuestras canciones, nuestra alegría, Ecos de nuestra firme lealtad."

Cuando él las vio tan hermosas que las abrazó con ternura, pero él dio Merveilleuse más caricias que los demás. Un espléndido banquete fue preparado, y el rey y sus tres hijas se sentó a la misma y como era su costumbre dibujar significados a todo, el viejo dijo a una de sus hijas:

-Ahora, dime, ¿por qué elegiste un vestido verde?

-Su majestad - dijo - después de haber oído hablar de sus grandes hazañas, pensé que el verde mostraría mi alegría y mi esperanza de que ibas a regresar.

-Eso lo dice muy graciosamente - dijo el rey

-Y tú, mi hija -continuó - ¿por qué elegiste un vestido azul?

-Su majestad -dijo la princesa- como una señal de que debo orar sin cesar para los dioses, y porque en la búsqueda de ti me parece ver el cielo y las estrellas más bellas.

-Bueno - dijo el rey - usted habla como un oráculo.

-Y tú, Merveilleuse, ¿qué razón tenías para vestir de blanco?

-Señor - respondió ella - ese mejor en mí que cualquier otro color.

-¡Qué!- dijo el rey, muy molesto- ¿este es tu única respuesta? Tan vana...

-Pensé en complacerlo a usted - dijo la princesa - y, me parece a mí, que era mi único deber. El rey, que la amaba, pensó que su respuesta los complacio a todos, y dijo que le gustaba su ingenio, y que incluso era inteligente como para no haber declarado su significado a la vez.

- Ahora - dijo - he tenido una buena cena. Yo no quiero ir a la cama tan pronto, por lo que diganme los sueños que tuvieron la noche antes de regresar.

La mayor dijo que había soñado que iba a llevar un vestido de oro y que las joyas brillaban más que el sol. La segunda - dijo que había soñado que él le traía un vestido y una rueca de oro para hacer girar su ropa. La más joven dijo que había soñado que el día de la boda de su segunda hermana ella sostenía una jarra de oro en sus manos, y que él le dijo: Ven, Merveilleuse, ven aquí hasta que yo te doy agua para lavarse.

El rey, muy enojado con este sueño, frunció el ceño y puso la cara más fea posible, de modo que todas sabían que estaba molesto. Él se fue a la cama, pero no pudo conseguir el sueño porque tenía a su hija en la mente.

-Esta desgraciada insolente - dijo él - le gustaría que me convierta en su sirvienta. No me sorprende que ella eligiera el vestido de satén blanco sin pensar en mí. Ella considera que no soy digno de su consideración, pero voy a tomar medidas para prevenir sus travesuras antes de que pueda llevarlas a efecto.

Se levantó con una apasionada ira, y aunque no era aún de día, llamó al capitán de la guardia, y le dijo: Has oído el sueño de Merveilleuse: significa cosas extrañas en mi contra, y deseo que la lleves al bosque y la mates. Cuando hayas hecho esto, deberás traerme su corazón y su lengua, porque no voy a aceptar engaños, y si usted no puede llevar a cabo estas órdenes se expondrá a la muerte.

El capitán de los guardias estaba muy sorprendido al oír tan cruel pedido. Sin embargo, él no quiso contradecir al rey por temor a enfurecerlo aún más, y de que designara a alguien más para la misión. Así que aceptó y dijo que mataría a la princesa y le traería su corazón y su lengua. 

El rey se fue a su habitación, pero tuvo dificultades para entrar, ya que todavía era muy temprano. 

A oidos de Merveilleuse llegó lo que el rey estaba pidiendo para ella, y entonces se levantó al instante. Una niña musulmana llamada Patypata le puso el vestido y un mono y un perro que siempre la siguian, corrieron tras ella. 

El mono se llamaba Grabugeon, y el perro de Tintín. El capitán de la guardia hizo que Merveilleuse bajara, diciéndole que el rey estaba en el jardín tomando el aire. Hacia allí se dirigió el capitán fingiendo buscarla, y al no encontrarla, dijo:
- Rey, ha entrado en el bosque.

Así se abrió una pequeña puerta que la llevó al bosque. La luz del día comenzaba a aparecer, y cuando la princesa miró a su conductor vio que tenía lágrimas en los ojos, y que estaba tan triste que no podía hablar. 

-¿Qué es lo que te pasa? - ella dijo con un aire de dulzura encantadora - Pareces muy triste.

-Ah, señora, como no podría estarlo- dijo - si me han encomendado algo terrible. El rey desea que te mate aquí, y para demostrarselo debo llevarle tu corazón y tu lengua. De no hacerlo me matará. La pobre princesa aterrorizada, se puso pálido y empezó a llorar en silencio, mirando como un corderito llevado a la masacre. La fijación de sus dulces ojos en el capitán de la guardia, y mirándole sin ira, ella le preguntó:

-¿Tienes el coraje de matarme, yo que nunca te hice ningún daño, y nunca dije nada que ofendiera al rey? Si hubiese merecido la ira de mi padre yo podría soportar las consecuencia sin un murmullo ¡ay! pero le he mostrado mucho respeto y cariño y no puede con justicia quejarse de mí.

-No tengas miedo, princesa -dijo el capitán de los guardias - que no soy capaz de prestar mi mano para tan cruel acto. Preferiría resignarme a la muerte con la que estoy amenazado. Pero incluso si fuera a apuñalarme a mí mismo, no sería lo más seguro, y debo encontrar la manera de volver al reino y demostrarle al rey que he acabado con tu vida. 

-¿Cómo podemos hacerlo? - dijo Merveilleuse - él quiere que le lleves mi lengua y mi corazón, y sin ellos no te va a creer.

Pat que había oído todo desde la choza de la que la princesa y el guardia no se habían dado cuenta, tan llena de tristeza por ellos, dio un paso adelante con valentía, y se arrojó a los pies de Merveilleuse.

- Señora - dijo - vengo a ofrecer mi vida. Me tienes que matar. Seré más que feliz de morir por la amabilidad de un amante.

-Nunca dejaría que hagas algo así por mi, Patypata - dijo la princesa, besándola -después de tan tierna prueba de amor, su vida no es menos preciosa para mí que la mía.

Grabugeon luego se adelantó y dijo: Tienes razón, princesa, es un amor fiel de siervo, Patypata. Ella puede ser más útil para usted que yo. Le ofrezco mi lengua y mi corazón con alegria, deseando que con este acto mi nombre sea recordado en el reino. 

-Ah, mi querido Grabugeon-respondió Merveilleuse- No puedo soportar la idea de tomar tu vida.

-Sería insoportable para mí - gritó Tintín- un buen perro como yo, podría dar la vida también. Si alguno debe morir por ti, seré yo.

Entonces se levantó una gran controversia entre Patypata, Grabugeon y Tintín, y se pusieron a reñir sobre el asunto; Pero Grabugeon, más ágil que los otros, se subió a la cima de una cabeza de árbol, se arrojó y cayó muerto. Sintiendolo mucho la princesa al final estuvo de acuerdo que al capitán de la guardía le quitara la lengua. Pero resultó ser tan pequeña que a duras penas llegaron a la conclusión de que el rey no serían engañados por ella.

-¡Ay! Mi pequeño mono querido, ahora que estás muerto - dijo la princesa -y sin embargo, tu muerte no me ha salvado.


-Ese honor está reservado para mí- le interrumpió Patypata. Y, diciendo esto, sacó el cuchillo que había utilizado para Grabugeon y lo hundió en su garganta. El capitán de los guardias le cortó la lengua, pero era tan negra que no había esperanza de engañar al rey con ella. 

-Soy infeliz- dijo la princesa, llorando- Pierdo todo lo que quiero, y mi fortuna no mejora.

-Si usted hubiera estado dispuesto - dijo Tintín - a aceptar mi propuesta, habría tenido solo una cosa que lamentar, y yo debería haber tenido la dicha de ser el único del que se lamentera.

Merveilleuse besó su pequeño perro, llorando amargamente de que estaba bastante agotado. Luego caminó apresuradamente. Cuando volvió a mirar ya no vio a su conductor, y se quedó allí con su pequeña moro*, su mono, y su perro todos muertos. Ella no podía desaparecer sin enterrarlos en un agujero que se encontró por casualidad, al pie de un árbol, en el que después escribió estas palabras: 

-Aquí tres mortales fieles se encuentran: Para salvar mi vida eligieron morir.

Al fin pensó en su propia seguridad y que no había ninguna para ella en ese bosque, ya que cerca estaba el castillo de su padre y el primer transeúnte podía verla y reconocerla, o los leones y lobos podía comérsela como un pollo. Empezó a caminar lo más rápido que pudo. Pero el bosque era tan amplio, y el sol tan ardiente que ella estaba a punto de morir por el calor, el terror y la fatiga. Por todas partes se veía pero no veía el fin de la selva. Todo le daba miedo, y ella estaba en constante terror porque el rey no debe correr tras ella para matarla. La triste grito que profirió es imposible de describir.

Mientras caminaba entre los arbustos sin seguir ningún camino seguro, los árboles rasgaron su vestido bonito e hirieron a su piel blanca. Al fin se oyó un balido de oveja. 

-No hay duda - dijo- hay pastores aquí con sus rebaños. Ellos serán capaces de guiarme a alguna aldea, allí me esconderé bajo el disfraz de un campesino. ¡Ay! -continuó - no siempre reyes y príncipes los que son más felices ya que con todo este reino que soy una fugitiva, y mi padre, sin causa o motivo, busca mi muerte, que para evitar que ¿me veo obligado a disfrazarme? 

Así, se dirigió hacia el lugar de donde procedía el balido, y fue una sorpresa ver al llegar una amplia extensión de terreno rodeado de árboles, y allí un gran carnero, más blanco que la nieve, con cuernos de oro, alrededor de su cuello una guirnalda de flores , collares de perlas de un tamaño extraordinario retorcidos sobre sus piernas, y el uso de cadenas de diamantes. 

La criatura estaba entre las flores de color naranja, mientras que un pabellón de tela de oro suspendido en el aire impidió que el sol le hiciera daño. Un centenar de ovejas alegremente decoradas estaban de pie alrededor, no mordisqueando la hierba, sino tomando un café, sorbete, hielos, limonada, fresas, crema y dulces. Algunos estaban jugando al afloramiento, otros al lansquenet. Varios collares de oro se enriquecian con hermosos diseños, algunos tenían las orejas perforadas o fueron engalanados con cintas y flores. Merveilleuse estaba tan sorprendida que se quedó casi inmóvil. Estaba buscando al pastor de un rebaño tan extraordinario cuando el hermoso carnero se adelantó por los límites a saltos. 

-Venga, princesa divina - dijo - no temas a animales tan suaves, tan tranquilos como nosotros. 

-Aquí es maravilloso ¡las ovejas hablan!

-Ah, señora - respondió- su mono y su pequeño perro hablaban muy lindamente ¿era menos sorprendente? 

-Un hada- respondió Merveilleuse - les había dado el don de la palabra, por lo tanto, la maravilla se había vuelto menos sorprendente para mí.

-Tal vez sea lo mismo que nos paso- respondió el carnero, sonriente en su estilo avergonzado - Pero, princesa, ¿qué te trajo aquí?

-Mis desgracias, señor Carnero- dijo - Yo soy la doncella más infeliz en el mundo, y estoy en busca de un escondite contra la ira de mi padre. 

-Venga, señora- respondió a las ovejas - ven conmigo. Te ofrezco uno que nadie va a conocer, y serás la única dueña del mismo.

-No puedo seguir - dijo Merveilleuse -Estoy tan cansada que me gustaría morir.

El carnero de los cuernos de oro les ordenó traer a un entrenador, y de momento seis cabras se veían venir enganchadas a una calabaza de un tamaño tan enorme que dos personas podían sentarse en su interior cómodamente. La calabaza estaba seca, y llena de suaves cojines de plumón y terciopelo, y la princesa dio un paso al sentir una gran admiración por tan novedoso un carruaje. El carnero maestro fue con ella, y los cabritos corrieron tan duro como pudieron hacia una cueva, cuya entrada fue impedida por una gran piedra. 

El carnero dorado tocó con el pie, y cayó a un lado a la vez. Luego le dijo a la princesa que entrara sin temor. Ella pensó que la cueva tenía un aspecto horrible, y si hubiera sido menos la emergencia nada la habría forzado a ir. Sin embargo, en un estado de terror como el de ella incluse se hubiera arrojado a sí misma a un pozo.

No dudó, por lo tanto, de seguir el carnero, que, caminando delante de ella, la hizo bajar y bajar hasta que ella pensó que debía de ser por lo menos que iban a lasantípodas*, y temía a veces que eso llevara al reino de los muertos. Por fin, de repente, descubrió una vasta llanura abigarrado con mil diferentes flores, el aroma de las cuales era más dulce que cualquiera que jamás había sentido. Un gran río de agua de azahar fluía todo el año, mientras que los arroyos de vino español, de rossolis, de hipocrás, y mil otros tipos de licores formaban cascadas y encantadores pequeños arroyos. Esta llanura estaba cubierta de árboles extraños. Había avenidas enteras de tales, en los que las perdices, mejor mechadas y mejor cocidas que las que usted encuentre en La Guerbois*, colgaban de las ramas. Había otros sectores donde los árboles estaban cargados de codornices, conejos jóvenes, pavos, gallinas, faisanes, y hortelanos. En ciertos lugares donde el aire parecía más oscuro, llovían langostas y sopas, guisos de mollejas, la butifarra, salchichas, tartas, pasteles, conservas (secos y líquidos), a los soberanos, coronas, perlas y diamantes. La extrañeza, pero, sobre todo, la utilidad de esta ducha habría atraído a una buena compañía si el gran carnero tuviera un carácter bastante más alegre, pero todas las crónicas que hablan de él nos aseguran que era más grave en su carácter que un senador romano.

Era la mejor temporada del año cuando Merveilleuse llegó a este hermoso lugar, no había visto ningún otro palacio que se encontrara en un gran bosque de árboles de naranja, jazmín, madreselva, y pequeñas rosas de almizcle, las ramas que, entrelazados unas otras, formaban gabinetes , salas y habitaciones, todas ellas decoradas con oro y plata de gasa, con grandes espejos, lámparas colgantes y bellas imágenes.


El Carnero maestro le dijo a la princesa que ella era ahora la reina de estas piezas, que desde hace varios años que tenía abundantes razones para la tristeza y las lágrimas, pero que sólo la necesitaba para hacerle olvidar su pena. 

-La forma en que me tratan -respondió ella- tiene algo muy generoso al respecto, y todo lo que veo aquí parece tan extraordinario que no sé qué pensar.

Apenas ella terminó estas palabras cuando vio antes ella una tropa de ninfas de belleza admirable, quienes se presentan con fruta en cestas de ámbar; pero cuando quiso acercarse a ellas, sus cuerpos parecían desvanecerse gradualmente. Estiró las manos para tocar, pero no sintió nada, sabía que eran más que sombras

-Ah, ¿qué es esto? gritaron ella- Ella se echó a llorar, y el rey Cordero (que así se llamaba), que la había dejado por unos momentos, volvió a ella y al verla llorando, estaba desesperado como para morir en sus pies.

-¿Qué le pasa, princesa? - dijo - ¿Le ha faltado alguno aquí el respeto que se le debe a usted?

-No - respondió ella - No tengo nada de qué quejarse, lo único que debo confesar es que que no estoy acostumbrada a vivir con los fantasmas y a hablar ovejas. Todo aquí me aterra, y por mucho que yo le haya obligado a traerme aquí, yo le debería aún más si usted me lleva de vuelta al mundo.

-No tengas miedo - respondió el Carnero- solo sé buena y escucha con calma, y podrás conocer toda mi triste historia:

-Yo era el heredero de un trono. La larga línea de reyes que tenía por antepasados me había asegurado la posesión del más fino reino del universo. Mis súbditos me amaban. Era temido y envidiado por mis vecinos, y respetado, no sin causa. Se ha dicho que nunca hubo un rey tan digno de estima. No estaba mal personalmente. 

Yo era muy aficionado a la caza, y un día, después de haber montado por un momento, por el placer de perseguir a un ciervo, y haber superado un poco a mis acompañantes, lo vi todo de una caída repentina en un estanque. Espoleé en mi caballo, imprudentemente tan precipitadamente, y se fue un poco hacia delante, sentí en lugar de la frescura del agua, un calor extraordinario. El estanque se secó, ya través de una abertura de la que llegaron las terribles llamas, el fondo del precipicio que estaba en llamas.

Pensé que estaba perdido, cuando oí una voz que decía:- ¡Menos incendios que esto, hombre ingrato, nunca calientan tu corazón.

-¿Quién se queja de mi frialdad? -Llamé.

-Una señora infeliz-respondió la voz- ¿quién te ama sin esperanza?

En ese momento el fuego se apagó, y vi un hada a quien conocía desde mis primeros años, cuya edad y fealdad siempre me había disgustado. Estaba apoyada en una joven esclava que era exquisitamente hermosa, vestida con cadenas de oro que muestraban claramente su condición.

-¿Qué maravilla es esta? - Le dije a Ragotte, pues tal era el nombre de la hada - ¿Está sucediendo por sus órdenes?

-¿Y por cuales órdenes se ha de hacer entonces? -respondió ella - ¿No sabíais antes de mis sentimientos hacia ti? ¿Debo pasar por la vergüenza de expresarlas? ¿Mis ojos que eran a la vez tan seguros de su objetivo y han perdido todo su poder? Piense cómo me humillo al confesar mi debilidad por usted, porque aunque puedas ser un gran rey eres menos que una hormiga ante un hada como yo.

-Yo soy lo que quiera que me llame- le dije con voz impaciente- Pero, después de todo, ¿qué quieres de mí? ¿Es mi corona, mis pueblos, o mis tesoros?

-Ah, desgraciada yo-respondió ella, con desdén- mi príncipe, si quisiera, podría ser más poderosa que tú. Le pido su corazón. Mis ojos han rogado por ello miles y miles de veces, pero no oyes, o mejor dicho, no quieres oír. Si estuvieras comprometido con otra - ella continuó- yo te habría dejado continuar con tu noviazgo sin interferencias, pero he estado demasiado ansiosa y me he informado de vuestras obras y he descubierto que nadie reina en tu corazón. Bueno, eso me encanta- añadió, para atornillar la boca para hacerla más bonita, y poniendo los ojos -Voy a ser tu pequeña Ragotte. Añadiré veinte reinos a los que tu posees, un centenar de torres llenas de oro, quinientas llenas de plata, en una palabra, lo que quieras. 

-Señora Ragotte-respondí- no estoy en el fondo de un agujero en el que pensé que iba a ser asado y quisiera hacer una declaración a una dama de su mérito. Te lo ruego por todos los encantos que te hacen adorable, liberame, y luego vamos a planificar juntos lo que puedo hacer para complacerte. 

-¡Ah! Traidor! -gritó ella - si me amaras no buscarías el camino de regreso a tu reino. En una gruta, en la guarida de un zorro, en los bosques, en los desiertos. No creas que puedes engañarme tan fácilmente. Estás planeando la manera de escapar, pero te advierto, tienes que alojarte aquí, y lo primero que tienes que hacer es mantener mis ovejas. Son muy inteligentes, y hablan por lo menos tan bien como tú. 

Y, diciendo que ella se adelantó a la llanura donde estamos ahora, y me mostró su rebaño. No le presté atención, por esa hermosa esclava que estaba con ella parecía a mis ojos una maravilla. Mis miradas me traicionaron, y la cruel Ragotte al ver esto, se arrojó sobre ella, y le clavó un punzón con tal fuerza en el ojo que la adorable criatura cayó sin vida en el acto. Al ver este acto fatal me lancé sobre Ragotte, y con mi lanza en mano me habría sacrificado a la memoria de tan querido un espíritu, si por su poder que ella no me había rendido movimiento menos.

Mis esfuerzos fueron en vano, me caí al suelo, y yo estaba buscando por todos los medios de matarme para librarme de esa miseria con la que estaba sobrecogido cuando, con una sonrisa burlona, me dijo: -Quiero que reconozcas mi poder, ahora eres un león, que se convertirá en un carnero. Luego me tocó con su varita, y me vi transformado en mi forma actual. No perdí el uso de la palabra, ni la capacidad de la miseria, debido a mi condición infeliz.

-Tú serás cinco años una oveja- afirmó ella - y amo absoluto en este hermoso lugar, aunque lejos de ti, y fuera de mi vista tu cara, no voy a pensar en nada más que el odio que te doy. 

Ella desapareció, y si algo había consolado por mis desgracias que habría sido su ausencia. Las ovejas que hablan aquí me pertenecen por ser su rey. Me dijeron que eran criaturas infelices que de un modo u otro había ofendido al hada vengativa, y que ella los había convertido en un rebaño, aunque el castigo de algunos no iba a durar tanto tiempo como los demás. Y de hecho - añadió- de vez en cuando recuperan su forma original y dejan el rebaño. Los demás, que son rivales o enemigos de Ragotte quien ha matado, se mantendrán sin vida durante un siglo o menos, y que después volverán al mundo.

La joven esclava a quien yo os he hablado es uno de ellos. La he visto varias veces, y siempre con el placer, aunque ella no me hablaba, y cuando yo quería ir cerca de ella estaba afligido al ver que ella no era más que una sombra. Pero habiendo notado que una de mis ovejas era constantemente al lado de este pequeño fantasma, adiviné que era su amante, y que Ragotte, celoso de su amor, se lo había llevado lejos de ella. Por eso me mantuve al margen del esclavo de sombras, y durante tres años no deseo más que mi libertad. 

Eso es lo que me lleva a veces al bosque. Hay que te vi, bella princesa - continuó- a veces en un carro, que conducias con más habilidad que el sol cuando conduce su caza, en un caballo que parecía indomable por cualquiera menos usted, o también cuando te desenvuelves suavemente con las princesas de la corte y ganaste el premio como Atalanta. Ah yo princesa, si cada vez mi corazón estaba haciendo sus votos secretos para ti, me había atrevido a hablar con usted, ¿qué no lo he dicho? Pero ¿cómo se ha recibido la declaración de un carnero miserables como yo? 

Merveilleuse estaba tan preocupado por todo lo que había escuchado hasta ese momento que ella no sabía qué responder. Se expresó, sin embargo, en la declaración de manera de dejarlo con un poco de esperanza, y le dijo que ahora teme menos a las sombras porque estas algún día vivieron. -¡Ay! - Continuó - si mi pobre Patypata, querido Grabugeon y Tintín, que murieron para salvarme, podrían haber tenido ese destino, que ya no estaría sola aquí. 

A pesar de las desgracias del rey Carnero, tenía, no obstante, grandes privilegios. -Vete - dijo él- a su caballerizo jefe, una oveja de buen aspecto -id a buscar el pequeño Moro, el mono y el perro; sus cortinas entretendrán a nuestra princesa. Al momento siguiente Merveilleuse los vio, y aunque no vinieron bastante cerca para que ella tocara, su presencia era un consuelo infinito para ella.

El Rey Carnero poseía mucha inteligencia y delicadeza, y podía conversar de la manera más encantadora. Amaba Merveilleuse con tanta pasión que ella lo veia también con favor y después paso a amarlo. ¿Y quién podría dejar de amar a una oveja linda, tan suave, tan cariñoso, sobre todo cuando se sabe que es un rey, y que su metamorfosis no va a durar para siempre? El Carnero, siempre atento, no tenía otro pensamiento, sino de ella, y organizó banquetes y conciertos y la caza para ella, sus rebaños le ayudaron, e incluso las sombras participaron.

Una noche, cuando sus mensajeros regresaron, pues los enviaba regularmente para las recibir noticias frescas, le dijo que la hermana mayor de Merveilleuse estaba a punto de casarse con un gran príncipe, y que nada era tan magnífico como los preparativos de la boda, algo nunca visto. 

-¡Ah! -exclamó la joven princesa- soy desafortunado porque no puedo ver tantas cosas bellas. Aquí estoy bajo tierra con las sombras y las ovejas, mientras que mi hermana aparece vestida como una reina. Cada uno vendrá a rendir homenaje a ella, sólo que yo tendré ninguna parte en su gozo.

-¿Por qué te quejas, señora? -dijo el rey de las ovejas con ella - ¿He dicho que no podría ir a la boda? Embárcate tan pronto como le plazca, pero promete volver. Si no, vas a verme morir a tus pies, por el cariño que siento por ti es demasiado fuerte para perderlo y todavía estar con viva.

Merveilleuse, con un gran tocado, prometió al Carnero que nada en el mundo podría obstaculizar su regreso. Él le dio un equipamiento acorde con su nacimiento, y ella se vistió magníficamente. Ella se alejó en una madre perla tirada por seis hipogrifos de color pardo, que acaba de llegar desde las Antípodas, y fue acompañada por un gran número de oficiales ricamente revestidos y muy guapos, que habían sido enviados a partir de una distancia para formar la guardia de honor.


Llegó al palacio de su padre justo cuando la ceremonia del matrimonio se lleva a cabo. Tan pronto como entró, todo el que la vio quedó impresionado por la brillantez de su belleza y sus joyas. Nada se escuchó alrededor de sus aclamaciones y alabanzas, pero, el rey la miró con una atención y una súplica seguro que la hizo temor de que ella debe ser reconocida, pero estaba tan firmemente convencido de su muerte que él no tenía la menor sospecha de quién era. Pero el temor de ser detenido le impidió quedarse hasta el final de la ceremonia. Ella se fue abruptamente, dejando un cuadro de coral poco, adornado con esmeraldas, en el que estaba escrito en diamantes joyas para la novia. La abrieron a la vez. El rey, que tenía la esperanza de volver a verla y estaba más ansioso por conocerla, desesperado por no verla, y él dio una orden absoluta de que si alguna vez volvía, todas las puertas deben cerrarse tras ella, y ella debe ser detenido.

A pesar de que ausencia de Merveilleuse había sido breve, le había parecido más de un siglo hasta al Rey Carnero. Esperó por ella al lado de un arroyo en la parte más gruesa de la selva, donde tendió a cabo vastos tesoros como una ofrenda a ella en agradecimiento por su regreso a casa. Tan pronto como él la vio, salió corriendo a su encuentro, saltando y saltando como un Carnero real, acariciándola con ternura una y otra vez, tumbado a sus pies, besando sus manos, diciéndole todas sus ansiedades y su impaciencia, su pasión prestándole una elocuencia que encantó a la princesa.

Después de algún tiempo el rey estaba arreglando el matrimonio de su segunda hija. Merveilleuse supo esto, y le rogó al carnero a dejarla ir, como lo había hecho anteriormente y ver la celebración en la que estaba tan intersada. En esta propuesta se sintió una punzada de dolor que no podía dominar, una advertencia secreta del mal por venir. Pero a medida que las desgracias no siempre se pueden evitar, y, como su amor por la princesa era para él más que nada, él no tenía el corazón para negarse.

-Usted quiere dejarme, señora - dijo - Bueno, esto es consecuencia de mi desgracia, mi triste destino es más culpable que usted. Consiento en lo que pides, y yo nunca voy a hacer un mayor sacrificio.

Ella le aseguró queno se quedaría más tiempo de lo que había hecho antes; que cualquier retraso que la mantenía lejos de él sería un dolor para ella, y le rogó que no se inquietara. Viajó de la misma forma que en su anterior visita, llegó justo cuando la ceremonia estaba empezando, y pesar de la gran atención que se presta a ello, un grito de alegría y admiración surgió en su entrada, que atrajo a los ojos de todo los príncipes a ella. No podían dejar de mirarla, y al ver su belleza rara, no estaban dispuestos a creer que ella era mortal.

El rey se alegró al verla de nuevo, y no quitaba los aleros de ella, excepto cuando estaba dando la orden de cerrar todas las puertas para detenerla. Cuando la ceremonia estaba casi terminando la princesa se levantó a toda prisa, con el deseo de escabullirse en medio de la multitud, y entonces se encontro sorprendida y afligida al ver las puertas cerradas. 

-El rey la recibe con gran respeto y humildad -le aseguró el rey- le ruego que no nos prive tan pronto del placer de verla y de entretenerse en la gran fiesta que se estaba dando a los príncipes y princesas. Fue llevada a una habitación magnífica, donde se reunió a toda la corte, trajo una palangana de oro y una jarra llena de agua para lavarse las manos hermosas. No podía contenerse por más tiempo y cayó a los pies de su padre y abrazadole las rodillas, dijo: Ahora se ha cumplido mi sueño. Me has traído el agua para lavar el día de la boda de mi hermana, y ningún daño le ha pasado a usted en consecuencia.

El rey la reconoció con menos dificultad, ya que más de una vez que ella le había recordado Merveilleuse.

-Ah, mi querida hija - dijo, abrazándola y llorando- ¿Puedes olvidar mi crueldad? Deseaba tu muerte porque pensaba que tu sueño significaba la pérdida de mi corona. Y así lo hace- agregó- Aquí están sus dos hermanas casadas, cada una posee una corana, y la mía será para ti. Y diciendo esto, se levantó y la puso sobre la cabeza de la princesa, y gritó:

-¡Larga vida a la Reina Merveilleuse - Toda la corte gritó también, y las dos hermanas de la joven reina se acercó y cayó sobre su cuello, acariciando una y otra vez. Merveilleuse no sabía lo que estaba haciendo para la alegría. Ella lloraba y reía al mismo tiempo, abrazando a alguien aquí, hablando a otro allí, y dando las gracias al rey. En medio de todo esto, ella no se olvidó de que el capitán de la guardia, a quien tanto debía. Ella preguntó por él con entusiasmo, pero le dijeron que estaba muerto, una pérdida que sintió con mayor intensidad.

Cuando se sentó a la mesa, el rey le rogó que le dijera todo lo que había sucedido desde el día en que había dado las órdenes crueles relativos a ella, y sin dudarlo un momento ella comenzó su relato, con la gracia perfecta, todo el mundo prestando una atención entusiasta.

Pero mientras estaba en la compañía del rey y de sus hermanas se estaba olvidando cómo pasa el tiempo. Su amante, el carnero, vio a la hora de su regreso pasar, y él llegó a ser tan ansioso que no podía contenerse.

-Ella no quiere volver más - exclamó - el rostro de mi desafortunada,no podré complacerla Ah, soy un amante infeliz ¿Qué va a ser de mí sin Merveilleuse, Ragotte, cruel de hadas? Has tomado venganza por mi frialdad hacia ti. 

Mucho tiempo se entristeció por lo tanto, y al ver la noche que se acerca, y no hay señales de la princesa, corrió a la ciudad. Cuando llegó al palacio de los reyes, pidió Merveilleuse, pero como todo el mundo ya sabía su historia, no querían que ella volviera con el carnero, y con firmeza se negaron a permitir que la viera. Los gritos y lamentos que pronunció habrían movido sino sólo a los guardias de la puerta del palacio. Por fin, vencido por su dolor, se arrojó al suelo y murió.

El rey y Merveilleuse mientras tanto no tenían conocimiento de la triste tragedia que acababa de tener lugar. Él propuso matrimonio a su hija y a montar en un coche, de modo que todo el pueblo pudiera verla a la luz de los mil antorchas en las ventanas y en las grandes plazas. Pero qué espectáculo es lo que vio al salir del palacio-su querido carnero tendido sobre el pavimento, toda la vida ha salido de él. Se lanzó fuera del coche, corrió hacia él, llorando y gimiendo porque ella sabía que su retraso había causado la muerte del cordero real. En su desesperación, ella se dejo morir.

Esto fue tomado como un ejemplo sorprendente, de que las personas de más alto rango están sujetas, como otros, a los golpes de la fortuna, y que muchas veces la peor suerte les llega justo cuando piensan todos sus deseos están a punto de cumplirse.

Glosario:
*Moro: Se aplica a la persona que sigue la religión de Mahoma (Musulmán).

*Antípodas: Habitante o lugar del globo terrestre diametralmente opuesto con respecto a los que se toman como punto de referencia.

*La Guerbois:es un café ubicado en la Avenida de Clichy, en París.


FIN


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