viernes, 15 de mayo de 2015

Cuento: La joya del príncipe (1ra parte)

Género: Romance/Fantasía


En esta ocasión quiero compartirles este cuento que comencé a escribir. Intenté usar el formato tradicional y toda la cosa pero no me salió tan bien la jugada. Me cuesta bastante escribir romance, por eso practico y practico a ver como me sale. Serán los primeros en leerlo, siempre la exclusiva la tienen aquí. ¡Tranquilos! Solo tiene 3 partes. 


***
Cuento: La joya del príncipe

Erase una vez, en una aldea pobre y casi deshabitada, una joven de impresionante belleza. Tenía una deslumbrante cabellera morena y sus ojos eran como el topacio; de postura fina y paso seguro. Era admirada por toda la aldea, pero ella no era la típica muchachita, Harper, la joven de quién les hablo era una ladrona y de las mejores.

Harper no robaba por gusto, su familia cayó en desgracia hace mucho tiempo, de apellido acicalado, no sabían hacer nada excepto moverse en los mejores círculos sociales, una cosa inútil dadas la circunstancias. Su madre, Teresa, no podía casarla debido a su corta edad en el momento de la ruina.

La chica se unió a una sofisticada banda de asaltadores, que se paseaban por los reinos, entraban a los castillos más prominentes y tomaban todo lo que necesitaban. Las familias eran tan ricas que ni siquiera lo notaban. La vida le dio prosperidad a Harper y con lo que robaba era suficiente para mantener bien abastecidas a su exigente madre y a sus caprichosas hermanas. Ellas solo vivían para quejarse de su poca digna profesión. Solían humillarla y decirle barbaridades:

-Ahí viene la andrajosa- chismeaba Rosa con Katherine, su hermana menor. Rosa tenía 16 años y Katherine 13. La chica de 16 solía culparla a ella por los problemas de la familia, le decía constantemente que por su culpa nunca podría casarse con un hombre de bien.

Harper vivía su vida feliz, le daba un poco de lástima su malagradecida familia y extrañaba a su padre, un hombre valeroso que pereció atrapado en las llamas cuando su castillo se incendió hace 7 años cuando ella apenas tenía 13. Su casa en ese entonces era un enorme palacio en las colinas, rodeado de frondosa vegetación. Un sitio alejado. Los gobernantes de sectores aledaños buscaron ayuda e intentaron aplacar el desastre, pero no fueron lo suficientemente rápidos y su padre falleció junto con su hermano menor, Robert.

El liderazgo de la familia lo asumió ella, con la mejor disposición y buscando una opción alternativa a la de comenzar a prostituirse ella y sus hermanas. Los robos la salvaron de ese destino. Se refugiaron en una aldea solitaria, llena de vicios, ella con mucho esfuerzo se fue ganando la confianza de los jóvenes de la aldea, les demostró a fuerza de constancia (y varias peleas en el bosque) que ella era capaz de todo. Su amigo Raúl le insistió en que debía abandonar la apariencia de mujer, ya que ella era una chica y era muy hermosa.

-Tienes que dejar de ya sabes…verte tan bien- Le advirtió él- Lucer desea que seas su mujer, te admira. Él no te ama pero puede darte muchas comodidades, si deseas esa vida puedes seguir luciendo así, si quieres seguir como asaltadora, esa es la decisión que te conviene.

Lucer, uno de los principales líderes de la banda, tendría unos 25 años, era un tipo alto, fuerte y rubio. Existía una tensión entre ellos, a ella le gustaba su presencia, era un hombre imponente y a veces altanero, sin embargo ellos…no podían estar juntos. Ella quería otro tipo de chico en su vida y tampoco estaba enamorada. Él muchas veces intentó entablar conversación con ella, comenzar una relación profunda pero todo fue un fiasco. Le gustaba Lucer sin embargo no deseaba casarse con él. 

Su madre pegó gritos, pataleo y con una fuerza casi sobrehumana la jalo hasta que desistió de la idea de cortarse el cabello. Utilizaron un gorro grueso para ocultar su melena y dejó de usar perfumes, maquillaje, joyas y ropa de chica. Ahora era un muchacho más.

A su lugar de reunión lo llamaban “El roble”, bautizado así en honor al padre de Lucer, caído en batalla (en medio de un robo). Pronto todo el mundo comenzó a olvidar que era mujer. Fue un alivio, el plan había funcionado, Raúl le guiñó el ojo como diciendo: “Lo hiciste bien”. Con su amigo no mantenía ninguna relación más allá de eso: Amistad. Él estaba muy enamorado de su bruja y malagradecida hermana Rosa Helena.


Rosa se creía superior a Raúl, era una bruja de primera, regodeándose con sus amigas de los regalos que le daba el chico mientras que a él lo trataba como basura. En su mente ella era la rompecorazones del pueblo, la más hermosa y deseada. Rosa era bella, pero su carácter y actitud alejaban a los pretendientes, sin embargo Raúl seguía en pie de lucha. Sus ojos se iluminaban cada vez que Rosa Helena estaba cerca, la bruja simplemente torcía la boca en un gesto horrible que desfiguraba su delicado rostro. Ellos harían una hermosa pareja, la chica rubia, pequeña y delicada y el joven alto, fibroso, gallardo, con sonrisa envidiable, rasgos finos y cabello oscuro. Perfectos, al menos físicamente daban buena impresión. 

Esa era su vida. Su madre casi no hablaba con ella y ya no le preocupaba si ella se casaba, si era la amante de un conde o si la mataban incluso. Esa mujer la odiaba, a veces sospechaba que tal vez Clareen no era su verdadera madre.

El pueblo se podía recorrer entero en menos de una hora. El bosque era su lugar favorito, le encantaba irse a leer antes de una misión. En la tarde partían en busca de tesoros.

El lugar destinado para hoy era un enorme castillo, de una exclusiva y adinerada familia que mantenía tratos comerciales con dinastías muy prominentes. Los gobernantes tenían 6 hijos varones, fuertes y bien entrenados, debían cuidarse. Les advirtió a los chicos sobre ese peligro y simplemente la ignoraron. Solo quedaba rezar para que todo resultara bien.

Sacaría una buena ganancia, le llevaría alguna joya hermosa a su madre a ver si podía ganarse algo de cariño de su parte. La esperanza era lo último que se perdía. 

-----------------------------------------------------------------------------------------------------------

***


Erase una vez en un lejano reino un príncipe cuyo padre se encontraba en cama moribundo. El joven era el mayor de la familia, valeroso, apuesto y ágil con la espada. Su nombre es Bastian. Los demás hermanos llenos de envidia le hacían la vida imposible. Uno a uno ellos, 6 en total y todos varones, comenzaron a casarse. Lindas chicas de todos los reinos los rodeaban, abriéndoles los brazos y ellos escogían a su conveniencia, bailaban, tomaban, vivían su vida plenamente. Él había tenido sus opciones: jóvenes hermosas, esplendidas y hasta por algunas llegó a sentir afecto…y no podía desposar a ninguna porque estaba sujeto a una maldición.

Su madre afirmaba que aquello no era una maldición sino una bendición que le garantizaría encontrar al amor de su vida, para él la joya era una maldición y punto.

Este objeto fue el regalo que dio un mago poderoso hace 300 años a sus antepasados, amantes enamorados, en él sellaron un pacto que según su retorcida visión haría feliz a todos los herederos primogénitos del reino. Era un medallón de cadena gruesa y con un oráculo en el centro de color verde claro insípido que, cuando lo portaba la persona correcta, es decir la otra mitad de tu corazón, el artilugio se encendía con una intensa luz color rubí, las velas de todos los poblados cercanos se apagaban y un chillido insoportable comenzaba a vociferar desde el extraño objeto. Su madre cuenta que cuando ella lo portó por primera vez casi le quema la piel, al ver a su padre a los ojos fue un flechazo casi instantáneo por lo que no fue sorpresa comprobar que estaban hechos el uno para el otro, aún eran felices.

La joya contenía el poder de vincular a las personas para siempre, atraer la dicha y la plenitud del amor verdadero. Al primer hijo varón se le encomendaba la tarea de custodiar la famosa prenda que no dejaba de causar sorpresa en todo el reino. Las muchachas entraban esperanzadas, creyendo que saldrían victoriosas de esa cruel prueba y que encontrarían así como él al amor de su vida.

-¡No puedo creerlo!- gritaba una furiosa- ¿Cómo puedes confiar en el juicio de una estúpida joya Bastian? NO VOY A DEJAR QUE ESTO ARRUINE MI BODA.

Samanta era una mujer histérica, uno de sus primeras cuasi prometidas que no paso la prueba, y menos mal ya que esa actitud era algo que al príncipe no le agradaba demasiado en su futura compañera de vida, por muy atractiva que fuera.


-Mira no es mi culpa, Sam. Mi vida va a ser una desgracia si no sigo “a mi corazón”. Detesto hacerte esto Sam, pero el compromiso no puede continuar.

Su madre se alegró de que Samanta no fuera la elegida por el medallón, en su opinión la mujer era insoportable. 

El amor no le interesaba a Bastian, solo buscaba casarse y tener hijos pronto. Dentro de un mes cumpliría 25 años y necesitaba hijos rápido.

-Ya llegará otra mi amor- Lo consolaba su madre- te vas a sentir pleno al estar con ella, ya verás- y le arrojo una sonrisa conciliadora.

Sus hermanos susurraban a sus espaldas.

-Al parecer Bastian va a llegar a viejo sin descendencia. Ya mi primer hijo viene en camino. Lo de esa dichosa joya es una ventaja para nosotros.

-Buitres todos. Son unos bastardos- se acercó él al círculo que formaban sus hermanos- yo al menos tengo la felicidad asegurada con esta joya y no solo eso sino también la herencia asegurada. Hagan lo que hagan pequeños engendros, yo, Bastian, soy el heredero de toda esta riqueza- terminó en tono severo.

El muchacho necesitaba recordarle a esos miserables que era el heredero legitimo y que le debían respeto.

-Hermano, sabes que es un juego.

-Pues a mí no me gustan esos juegos y si no desean una paliza es mejor que se guarden sus venenosos comentarios. 

Se alejó pisando fuerte para demostrar su dominio sobre el recinto ante los comentarios susurrados de sus hermanos. Bastian era una persona, no representaba la figura de un hermano cariñoso y siempre disputaba con sus hermanos, incluso antes de que estos le hicieran la guerra silenciosa. 

Bastian el chico consentido, alabado por su pueblo, por sus padres, por las mujeres...tenía el ego elevado y eso se iba reflejando cada vez más en su personalidad al punto de comenzar a restarle el carisma por el que tanto se le quería. 

La madre de Bastian caminaba nerviosa por la habitación de su esposo. El hombre yacía acostado en una gran cama de sábanas doradas y aspecto lujoso decorado con tejidos que se asemejaban al mapa de su nación y sus aliados. El rey se llamaba Anton con sus ojos verdes cansados y apenas abiertos observaba nervioso la inquietud de su mujer.

-Ven y siéntate junto a mí, querida- Le dijo como pudo, con voz ronca. Instantáneamente empezó a toser. 

Ella obedeció y lo regañó por su esfuerzo, pero pronto inició una cálida caricia a lo largo de su rostro. 

-No lo sé Anton. La situación con Bastian es insostenible. No lo reconozco, ha cambiado mucho. Es tosco, altanero, ya no quiere considerar como futura esposa a ninguna mujer y solo juega con ellas. Las madres vienen con reclamos sobre supuestas deshonras.

El Rey se replegó sorprendido por lo que le decía su mujer. No podía creer eso de su adorado primogénito, comenzaba a ofenderse. 

-Debes estar exagerando mujer. Bastian es un buen muchacho. 

-Y no lo dudo cariño, pero...está cambiando. Las peleas en esta casa son continuas. Le haces falta, tú eras su guía, eras...- Ella rompió a llorar. Era consciente de que los días de su rey estaban contados. 

-Vamos Lana, lo que necesita Bastian es una esposa, no puedes detenerte en la búsqueda. No puedes dejar de ser la mujer que conozco, insistente y terca. No dejes que el chico se pierda- Comenzó a toser fuerte al terminar la oración y Lana escuchó el toqueteo en la puerta.

Entró la guardia real. 

-Ya es hora de irse señora- Dijo un joven con porte y uniforme militar. 

La mujer le dio un abrazo largo a su esposo y dejó que sus lágrimas resbalaran por entre las ropas de él. Anton seguía luciendo atractivo para ella a pesar de la palidez que le otorgaba su enfermedad. El parecido de Bastian a su padre lo hacía quererlo más que a sus demás hijos, era vergonzoso admitirlo, pero así es la realidad. 

El hombre hizo el intento de devolver el abrazo pero fue inútil, su cuerpo estaba demasiado débil. 

-Te amo, mi señor- Le dijo ella antes de irse.

-Y yo a usted, señora- dijo con toda la voz que le quedaba. 

Al salir la reina a la sala principal se encontró con el caos. Bastian venía corriendo junto a los guardias del castillo, algunos de ellos se separaron para registrar cada rincón del castillo. El muchacho lucía nervioso, desesperado, no podía quedarse quieto. 

-¿Qué sucede hijo?- Preguntó la dama sorprendida de la rapidez con la que trabajaban los guardias y la cantidad que se había en el castillo. 

El muchacho no la miraba a la cara, le dio un apretón afectuoso en el hombro y se fue a la planta alta corriendo. Ella estaba pasmada ante tanto alboroto, nadie explicaba nada. Pasados unos 20 minutos su hijo bajó las escaleras con semblante derrotado. Se acercó a ella y la miró avergonzado. 

-Madre, ha pasado algo terrible...

En ese momento se acercó Camil, uno de los guardias del castillo y además uno de los mejores amigos de Bastian. 

-No lo encontramos Bas, revisamos por todos lados- dijo el muchacho. 

La reina Lana perdió los estribos.

-¡¿Alguien me puede decir qué está pasando?!

Bastian pareció resignarse al ver que los demás jóvenes comenzaban a volver a la sala.

-Madre, lo han robado. Se han robado la joya. 


FIN DEL CAPÍTULO


C.V.R.W

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada

¡Buscador de cuentos!