martes, 3 de marzo de 2015

Cartas de un asesino #5: Bonita manera de volverse loco


Esta historia la escribí hace mucho tiempo y fue la primera sobre un asesino. Las vueltas de la vida me han llevado a encontrarme como Lorena Cabrera (la chama de la historia) trabajando en la fuente de sucesos y ahora veo con algo de humor este relato. Digamos que espero no encontrarme nunca con un loco como el de esta historia aunque les confieso: me han tocado peores. 

***
Puerto Ordaz, 2012.


El sol ardía con fuerza cuando me dirigí a entrevistar a ese hombre, un tipo alto y delgado casi desgarbado, de mirada pétrea, no me gusta formarme prejuicios pero ese hombre daba miedo. En el tiempo que llevo en el periódico, unos 6 meses, es la primera vez que me toca hablar con un asesino, repito no quiero formarme prejuicios.

Lo tenían en una oficina de la comisaría, custodiado. Su postura era serena, la mía trataba de serlo pero el personaje no dejaba de llamar mi atención.

-Siéntese y pregúntele lo que quiera que ya a este nos lo llevamos pa´la fiscalia dentro de un rato- espetó un guardia con expresión desinteresada.

Asentí. Me senté y mire al sujeto.

-Bien señor Ramírez. Mi nombre es Lorena Cabrera, soy periodista del diario Cuentos de Guayana. Dígame señor Ramírez ¿Recuerda lo que sucedió hace dos días?

-Realmente no- respondió de manera odiosa.

-Por favor, trate de hacer memoria, señor Ramírez.

-Deje ya de llamarme señor Ramírez, sólo tengo 35 años, no soy tan viejo.

Su edad me impresionó porque en ese momento se me pintaba unos 15 años mayor.

-Ok, ya entiendo entonces será Edwin.

-hummm...

-Entonces Edwin, dime ¿Qué recuerdas?

-Me fueron a buscar a mi casa y me metieron preso. No sé más nada.

-¿De donde es originario, Edwin?

-Yo vengo de Carúpano (Estado Sucre)

-¿Le gustaba estar allá?

-Si, mucho.

-Y ¿Por qué vino aquí a Guayana?

-Me vine detrás de la novia mía de hace años, teníamos 8 años, pero ella igual me dejo un tiempo después de que llegue a Puerto Ordaz.

-¿Por qué lo dejo?

-Yo quería casarme, ella quería estudiar, ser una abogada y no una señora de bien junto a mí. Lo dejamos.

-Pero usted ¿era feliz en Puerto Ordaz a pesar de eso?

-Sí, mucho, aquí conseguí un trabajito bien bueno.

-¿Qué hacía Edwin?

-Cuidar niños.

-¿Los niños se portaban bien?

-Si, los niños son de lo mejor.

-¿Cuál era su oficio exactamente?

-Trabajaba organizando fiestas, animando y luego di tareas dirigidas, eso me encantaba- dijo con genuina felicidad, su expresión se volvió amigable.

- Sí, debe ser genial trabajar con niños… cuando se portan bien.

-Sí, a veces los niños eran desobedientes- su mirada era de enfado, luego rápidamente se calmó y comenzó a moverse como emocionado por el tema.

- Yo no creo poder soportar eso ¿usted los castigaba cuando se portaban mal?

-No, los niños no deben ser castigados.

- ¿Sus papas lo castigaban, Edwin?

-Si…-respondió sin pensarlo y después se mostró confuso y achicó los ojos- no me acuerdo mucho.

-Muy bien y dígame su actual oficio es…-dejo la respuesta al aire. Él cayó.

-Hago transporte escolar. Diurno y en la tarde-noche también.

-Sus servicios de transporte ¿eran muy solicitados? – Preguntó Lorena mientras se colocaba el liso cabello castaño detrás de las orejas y sus rasgos finos observaban al personaje con atención.

-Sí, los padres dejaban a sus hijos conmigo confiados. A algunos de esos niños les he hecho transporte desde hace años. Son como una familia.

-¿Nunca los lastimaría?

-Nunca- aclaró con contundencia. Edwin era de piel morena pero sus ojos… eran de un claro verde y a cada instante vestigios de locura se asomaban por esos expresivos pozos.

Él respiro hondo.

-Sabe lo que sucedió hace 4 días ¿Verdad Edwin? El 3 de febrero- una gama de expresiones pasaron por su cara se mostró aturdido, luego anonadado y por último…

El tipo comenzó a llorar, su desconsuelo era demasiado grande, por primera vez me quede sin palabras, no esperaba tal reacción, los escalofríos me recorrieron. Trate de recuperarme lo antes posible.

-Si, yo...-sollozo con más fuerza- recuerdo.

-Digame ¿qué recuerda?

-No, ya se me olvido.

-Claro que sabe Edwin, lo sabe, acaba de recordarlo -Insistí con voz dura, presionando sobre la herida.

-Yo...Los mate. A todos. A todos mis niños…

-¿Por qué lo hizo Edwin?

-No sé, no sé- se agarraba la cabeza y lloraba.- ¿Por qué pregunta tantas tonterías?- Su rostro se deformo con furia y paso a una tonalidad roja.

-¿Por qué lo hizo?- Pregunté con mayor ahínco.

-Una fuerza mala e incontrolable- Respondió apretando los dientes- Una fuerza llamada furia.

-¿Qué sucedió?

El hombre pareció calmarse, con una mirada fría dirigida a la nada.

-Llovía, era una mañana fea ¿Sabe? Demasiado fea para ser real, comenzaba a perder la cabeza. Yo sabía que algo pasaría, los días aquí en Guayana para estas épocas no son tan nublados pero… justo ese día estaba oscuro. Pensé que alucinaba y que era un día soleado y hermoso pero seguí viendo la oscuridad todo el tiempo. Me sentía…como algo insignificante, sin importancia en la vida- contaba apretando sus manos al bajo de la mesa, su rostro pasaba frenéticamente de una expresión a mil más.

-Me tocaba hacerle transporte a los niños- continuo- era miércoles y los de “la salle”* tenían clase de deporte, me acuerdo clarito que los fui a buscar y su animo era mínimo. Me sentía culpable por no preguntarles que les pasaba, yo era el importante esa mañana, no ellos-narró Edwin su egoísmo.

Los deje a todos y me fue con el auto muy lejos… cuando caí en cuenta de que manejaba sin rumbo ya pasaba Ciudad Bolívar, estaba bien lejos y para cuando llegue a puerto Ordaz ya casi era hora de recoger a los de la mañana. El cielo continuaba nublado. Me estacione frente a la escuela a esperar los 45 minutos que faltaban para que salieran mis 6 niños de ese turno, eran los mas chiquitos por eso siempre llegaba antes para estar pend…-Se le atragantaron las palabras, se asfixiaba con sus lagrimas, su cara enrojecida de tanto llorar. Pasaron unos segundos antes de que se calmara.

-No sé cómo paso… no entiendo.

-Vamos Edwin, sé que puedes recordar- lo animé. 

Lo pensó un buen rato antes de continuar, ahora estaba mas tranquilo.

Los niños de tercer grado, que eran los 4 más pequeños salieron tarde porque le cantaban cumpleaños a una compañerita de salón. Todo iba bien hasta que se tardaron demasiado. Los otros 2 niños de 5to y 6to se veían cansados y con hambre… ya eran como las 12 y 30. Realmente no me importo si tenían hambre, yo me sentía peor. Las horas se montaron y tenia que buscar a los niños de la tarde, deje a los mas pequeños en sus casas pero a los grades los dejaba mas tarde porque los papas no llegaban temprano. Me preocupaba por ellos… eran niños buenos- cuando lo dijo la tristeza de su voz se extinguió, lo dijo despreocupadamente como si contara la historia de otra persona.

Todos se veían tan tristes como un reflejo del día, los de la tarde igual. Con los mayores y los de la tarde tenía más confianza, supe desde el principio por puro instinto que eran niños con problemas, serios problemas. A Dayana de 10 años le pegaba su mamá porque era una persona frustrada, una madre soltera violenta y reprimida. Carlos era el chico de 13 años que repitió 6to, no le gustaba el colegio pero tampoco quería irse, tenía problemas con sus tíos que lo dejaban quedarse ahí desde que su mama se murió pero no lo querían.

Samuel, Miguel, Margarita y Patricia eran niños que sufrían acoso escolar por parte de sus compañeros, sus padres también abusaban de ellos… en más de una manera. Mis pensamientos convergen hacia un punto: debía de acabar con su dolor. Total ¿Quién podría llorarlos? ¿Sus padres abusivos? ¿Sus profesores indiferentes?

¿Los compañeros hipócritas? ¿Quién tendría el descaro de llorar cuando han hecho tanto daño a sus vástagos? Y pensé: nadie. La respuesta fue tan simple que me la creí como una verdad.

A estas alturas de la entrevista ya se descubrió todo lo guardado en el interior de Edwin.

-Ellos hablaban sin parar de sus problemas, de que sus padres no los querían, fue increíble, tanto dolor... yo sabía lo que se aproximaba. La tempestad. El cielo se nublaba más y más, sin explicación. Llego un momento en la vía que... simplemente perdí el rumbo y vi la sangre, la sangre bañándolo todo. Era… tan hermoso…

Esos chicos lo eran todo para mi y sufrían, no se que sucedió, pero sus quejidos y lamentos penetraron mi mente y me ubique de nuevo... ya era demasiado tarde era de noche y baje la vista al teléfono. 30 llamadas perdidas.

Sus padres, aquellos seres malévolos e inconciente al fin se preocupaban un poco. Pero como le dije a era demasiado tarde. Señora, ya ese monstruo había tomado el control de mi. Quería castigar a esos pecadores, a esos bastardos que no se merecían el nombre de "padres" no se lo merecían ¿Me entiende?

Edwin tomaba valor con cada palabra.

-Sabía que la única manera de vengarme era con un sacrificio, uno bien grande y ese sacrificio eran los niños.

Edwin era más inteligente de lo que aparentaba, a tal grado que un dejo de locura salía a relucir y nada lo detenía cuando esa locura se hacia manifiesta.

-Los niños lucían muy asustados. No existía escapatoria porque ya la decisión estaba tomada. Iban a morir aquella noche nublada. En un escenario especial... para ellos- su voz era sicótica- los saqué de la ciudad a un sitio apartado más allá de Ciudad Bolívar, les dije que confiaran en mí y cerraran los ojos, aquellos ojos llenos de tanta inocencia a pesar de la inmundicia que infectaba sus jóvenes vidas. Les dispare a cada uno 3 veces. El tres es mi número favorito ¿Sabe? Usted debe saber, periodista, ustedes saben muchas cosas- Dijo con una sonrisita de complicidad que le dejo los pelos de punto, luego continuo- Uno de los chicos grandes intento huir, entonces le dispare 4 veces. Puedo decirle con seguridad, señorita Lorena que ellos murieron felices y que ninguno vivió un momento más para sufrir, los mate rápido por eso mismo.

Trate de ocultar en la medida de lo posible mi asco y mi horror. Creo que no lo logre. Al tipo no le importo. La confesión duro tan solo 20 minutos. A eso se reducía todo, a 20 minutos. La persona con la que comencé la entrevista y la que estaba sentada conmigo en este instante no era la misma. Vislumbrar a dos edwin distintos en tan poco tiempo fue espeluznante y emocionante. Ver esa gama de personalidades en un tipo que relataba y contaba una historia era fascinante de un modo morboso.

Sí, Edwin se había vuelto loco y volvía a estarlo, probablemente recuperara la cordura en la cárcel o quizás su locura fuera demasiado incluso para la cárcel.

¡Cielos! Me preguntó ¿Qué te lleva a cometer estos delitos? Un día estas afuera y otro adentro y en el caso de Edwin con un crimen múltiple y con un motivo que era sólo una cacofonía en su mente, un motivo creado por él en su demencia porque los pequeños- afirmaban los padres- eran más que felices, pero eso nadie lo sabe.

Puedo llegar a creer en el criminal en ese punto, los padres no lucían esencialmente tristes, violentos... lucían más bien ligeros. La carga de la culpa no se manifestaba en sus caras, al fin y al cabo la culpa no era suya, se decían como consuelo.

Supongo que ahora sólo queda seguir en el caso, esperar la condena, tomar las fotos y no involucrarme demasiado con el crimen. No era nada personal, nada del otro mundo, pasaban cosas peores y más escabrosas, que venderían mas, aunque el tema estaba bien para dar de que hablar por unas días.

Al entregar el artículo, la editora soltó un suspiro y con ironía dijo: Bonita manera de volverse loco... y se echo a reír.

*Plantel educativo ubicado en Ciudad Guayana.

C.V.R.W

5 comentarios:

  1. Me ha encantando seguire visitando de vez en cuando

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  2. ¡Hola! Me gustó mucho tu blog, lo seguiré de cerca.
    Un saludo.

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    1. Gracias amiga, también me gusta mucho tu blog. Saludos.

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  3. ¡Hola! Me gustó mucho tu blog, lo seguiré de cerca.
    Un saludo.

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