martes, 3 de marzo de 2015

Cartas de un asesino #4: El actor



***
La sangre resbalaba por mis dedos, producía una sensación cálida y representaba una victoria contundente. Para mí esto era una cuestión de entretenimiento, pero este justamente me agradó más que cualquier otro crimen, fue más allá de cualquier diversión.

Mi camino al estrellato me dio muchas ventajas, las personas no sospechan de los famosos, les gusta creer que ellos eran intocables, perfectos. Somos personajes rodeados con un halo de irrealidad. Como actor soy libre de ser quien yo desee, es un impulso para mi verdadera carrera: el crimen.

Es maravilloso encantar a una persona y ver su cara de desilusión cuando le revelas una identidad que no esperaba…es su culpa, las personas crean disfraces en su mente y se aferran a ellos. Ver el terror en la cara de alguien es una exaltación al espíritu, es aquello que me permite dormir en paz todas las noches.

Las victimas iban y venían, entre cantantes poco conocidos hasta chicas buscando una carrera en el espectáculo, yo era uno de los pocos que les brindaba una esperanza, que les endulzaba el oído con sueños de triunfo y no los dejaba caer en el desfiladero de la derrota, como lo hacía el 90% de los jóvenes que viajan con el mismo objetivo y se iban tiempo después con las manos vacías. Con un panorama así ¿Quién mejor que él para consolarles? 

Apariciones fugaces, palabras susurradas, unos tragos y finalmente la invitación. En la clandestinidad de su hogar las víctimas estaban acorraladas. Su casa se ubicaba en la exclusiva zona de Bel Air estaba rodeada de encanto, todos conocían su residencia por el enorme jardín que adornaba la entrada. Diversas especies se agrupaban en aquella enorme extensión de tierra. Lilos, Coníferas, Tulipanes, Rosales, Narcisos, Dalias, Jacintos y Crocus eran algunas de las especies que rodeaban la propiedad. Todo un jardín de la muerte.

Para llegar a la propiedad principal había que recorrer un trecho largo, las representaciones de dioses griegos, el jardín, las casas miniaturas como de muñecas y los faroles acompañaban a los visitantes en su camino que pocas veces era a pie por lo esas cosas pasaban desapercibidas.

Un día una de sus víctimas casi consigue escapar, porque logró esconderse en el camino y fue un problema tener que encontrarla luego. La pobre estaba tan asustada que no coordinaba bien, se perdió en la oscuridad y fue a dar directamente con su hacha. Sí, era un fiel admirador de “El psicópata americano”, la marcaba entre sus películas favoritas.

Pero pronto su reino de terror llegó a su fin. La diversión acabo.

Esto ocurrió en noviembre…

Un grupo de jóvenes intentaron infiltrarse en su casa porque lo culpan de la desaparición de uno de sus amigos. Él lo sabía y les prepararía una sorpresa. Si salía mal todo terminaría. Lo atraparían a él, pero se llenaba de adrenalina al pensar en la cacería. Sus ojos verdes brillaron de emoción, se paso los dedos por el cabello para peinarlo y paseo por la casa…esperando.

Los jóvenes eran torpes, estaban jugando a ser héroes, él era más astutos sin embargo ellos eran más, no podía tomárselo a la ligera. Se sentó en su sillón rojo de terciopelo sin camisa con una copa de champaña y observó por la ventana, sombras moviéndose entre los arbustos. Preparó su hacha, estaba listo para actuar.

Ellos eran insectos acercándose a su red. 

El sonido del teléfono al principio paso desapercibido pero su persistente timbre logró romper su conversación.




-¿Quién habla?

Un silencio en la línea.

-¿Dan, eres tú? Soy Tony, ¿recuerdas?

Hizo memoria y no lo ubicó, no sabía quién era ese tal Tony.

-Sí, sí. Claro- Fingió.

Silencio en la línea

-El periodista- susurro el hombre al otro lado de la línea- el rubio bajo de lentes que te entrevista en casi todas tus presentaciones.

Un poco de claridad le llegó, al fin se acordaba. Ese chico tenía una especie de obsesión con él, iba más allá de su trabajo, le recordaba a alguien de su pasado pero…no, era absurdo lo pensaba.

La voz se aclaró la garganta.

-Te están acechando, saben lo de tus crímenes- dijo a modo de confesión el sujeto.

Me quedé paralizado, seguramente mi rostro perdió color. Ese periodista, el tal Tony Brown conocía la verdad ¿desde hace cuanto tiempo? Era increíble, el tipo no lo delató, su admiración era sincera. Abrí los ojos sorprendido, seguramente el azul de mis ojos se oscureció de indignación pero también de satisfacción, un fan absoluto- pensé- mi esclavo.

-¿Sorprendido?- preguntó- Claro que lo sabía, siempre he sabido lo que eres. Tu modus operandi, tus gestos felinos son bastante reveladores, hablan sobre tu verdadero ser. Yo…te admiró. Tranquilo, no debes temer, yo no voy a decir nada. Estos chicos –hizo una pausa y suspiró- pueden ser tu perdición, yo trabajo en esto y te lo digo, están decididos, han avisado a la policía y te van a responsabilizar de su desaparición.

Por la ventana las sombras eran más osadas, era evidente que ya se habían infiltrado ¿para qué? ¿Qué querían conseguir?

-Umm, interesante, estoy…sorprendido por todo esto- murmuró con fastidio, preocupándose el tiempo que permanecían esos tipos en su jardín.- ¿Qué quieren conseguir esos chicos en mi casa? ¿Por qué venir aquí?

Silencio en la línea. Me frustré.

-¡Maldita sea! ¡Habla! No tengo tiempo, debo detenerlos.

Con pasos agiles me dirigí a la puerta del cuarto y comencé a caminar por el pasillo de la mansión, pulcra y con suelos de mármol, el era antiséptico, parecido a un hospital, ni una de sus paredes se teñía con sangre, él era cuidadoso y su casa era una manera de decirle “¡jodete!” a cualquiera que sospechará alguna vez. No encontrarían nada oculto en esas paredes.

Tony volvió a hablar.

-Quieren llevarse el hacha, quieren esa prueba del crimen. Saben que te avisaría, saben que hay más gente que te encubre por ser famoso y no van a arriesgarse, por eso lo harán ellos mismos.

-¿Cómo sabes todo esto?- pregunté curioso. Seguía caminando, salió al aire fresco, iba desarmado.

-Entrevisté a alguien de tu pasado, un amigo y me contó algunas de las cosas que te gustaban hacer. Eras cruel, golpeabas a otros niños, lastimabas a las chicas por placer tanto física como psicológicamente, secuestraste una vez a una vecina de 6, con engaños, querías probar cuánto dolor podía soportar y violarla para que no te olvidará nunca, en ese tiempo no eras cuidadoso. Tú amigo te detuvo y llevó a la niña a salvo a su casa, te dio una idea... una manera discreta de ser un criminal.

-Eso no lo sabe un amigo…- susurré, se me cortaban las palabras.

-Por supuesto que sí.

-¡No! Lo sabe mi hermano y él ¡está muerto!- exclamé con ganas de darle un puñetazo a ese entrometido.

-No, él no lo está. Dan, tu hermano está más cerca de lo que crees. Tu hermano está en este lado de la línea.

-No…

-Tony Brown es solo un disfraz, tenía que alejarme Dan, mamá me protegió de ti, de tus actos macabros. Soy yo, Gave.

Un escalofrío le recorrió la espalda y antes de poder asimilarlo un fuerte golpe casi lo tumba al césped, cayó sobre un pino. Los chicos. Se recuperó para contraatacar.

-No tienes escapatoria, ya tenemos todo para culparte. Eres demasiado idiota, ser un actor no te iba a mantener protegido, te iba a exponer- argumentó una de las jóvenes figuras a contraluz con las lámparas.

Comencé a reírme e hice un ademan para explicarme. Un engaño. Me levanté y corrí hacia la fuente del jardín, allí estaban las armas: dos espadas de samurái filosas y una rustica pistola. No me gustaba matar con armas de fuego, me parecía una muerte demasiado simple, sin nada de poesía. Me lance al agua. Activar mecanismo, extraer armas. Dentro de la fuente una palanca empujaba a un compartimiento invisible donde estaban esos objetos protegidos del agua y de los intrusos. Extrajo las espadas rápidamente.

El primer chico se acercó solo. Craso error amiguito. Sin piedad alzó los brazos y clavó las espadas en la espalda, traspasándole la piel, el muchacho grito en agonía. La sangre comenzó a deslizarse hacia el pantalón del chico, empapándolo, la cara del muchacho se desfiguró por los gritos, lágrimas, mocos y sudor hicieron que en sus últimos momentos fuera una masa pegajosa de fluidos.

Los otros se quedaron paralizados ante el espectáculo, no conseguían creer lo que veían, a su amigo muerto. El chico muerto no tendría más de 15 años.

Uno de los jóvenes se puso a llorar y salió corriendo, oh no, no era buena idea, esa zona del jardín tenía trampas y ellos lo sabían pero en el momento del terror no lo recordaron ¡Bam! Se escucho el primer grito, seguro fue la trampa del ácido, seguro le roció la cara y le provocó un dolor insoportable, seguro que agonizó antes de morir.

Muertos 2, quedaban 3. Uno de los muchachos, seguramente el mayor y el “héroe” del equipo, enseñó los diente antes de lanzarse sobre él. Él se tambaleo hacia atrás apropósito para frustrar la maniobra del otro, cayeron al suelo y él ganó ventaja, comenzó a golpear duro su tórax, le dio golpes en la mandíbula. Aplicaba movimientos tan rápidos que el chico no tenía oportunidad.

Tomo un de las espadas y con la cuchilla le corto la yugular. Una muerte rápida y compasiva. No tuvo opción, el chico era fuerte y los otros ya se lanzaban sobre él, al principio en shock y buscando algún arma con que herirlos. Era cuestión de tiempo para que sus instintos respondieran. Él era un tipo alto y musculoso sin ser robusto, su fuerza era envidiable, pero estos chicos eran grandes, gordos y fuertes, tendrían unos 16 años y seguramente mucha adrenalina acumulada.

En sus manos conservaba una de las espadas, la otra había caído a la fuente, uno lo atacó por detrás y entre los dos lograron quitarle la espada, él golpeo, ellos respondieron y se arrepintió de no tener el arma. Lo estaban derrotando. Era su fin. Entonces se escucharon ruidos, los sonidos de la naturaleza se extinguieron.

Fueron ruidos de un disparo rompiendo el viento. Uno, dos, tres, cuatros, muchos disparos y entonces los cuerpos de los muchachos se deslizaron cerca de él, dejando un poco de su sangre sobre su piel.

Respiró agitado ¿qué había pasado?

Una figura se asomo entre las sombras: Tony Brown.

-¡Hijo de puta! Viniste a salvarme, eres un maldito bastardo- farfullo caminando entre los cuerpos hacia su hermano que regresaba de entre las tinieblas.

-La familia nunca se abandona, ya imaginaba que esto pasaría. Es un milagro que llegará a tiempo y esquivara tal cantidad de trampas.

Solté una carcajada, estaba satisfecho, que noche tan magnífica, ya se las pagaría ese gusano de su hermano, todo ese engaño lo lamentaría.

-Bien, hay que recoger los cuerpos, yo puedo ir cavando las 6 tumbas o ¿cómo se hace esto?

Nos sentamos sobre la fría piedra de la fuente que se mancho con la sangre que tenía en las manos y en los jeans. Iba sin camisa, así que con un baño se solucionaría todo. Un momento…

-¿Dijiste seis? ¿Seis chicos? No, aquí solo hay 5.

Volteo a ver a su hermano, sus orejas se pusieron rojas y comenzó a tragar saliva y a transpirar.

-Mierda…uno de ellos se ha escapado, fueron astutos. Lo lograron. Los malditos lo lograron. Lo siento hermano, ha llegado la hora de brillar.

-¿Qué? ¿De qué…?

-Yo me largo de aquí, yo me he construido una vida, fue divertido pero yo no soy un asesino como tú, no te llegaría ni a los talones. Estás solo - Concluyó

Tony se levantó y volvió a sumergirse entre las sombras perdiéndose pero antes echándole una mirada gris llena de decepción, de resignación y de despedida.

Las sirenas de los policías zumbaban en mis oídos, huir sería inútil, prefería perecer en la grandeza, que se hable del gran actor que engaño a todos, del mejor y único Dan Castelo.

Quisiera que mi vida se adaptara en película, para inmortalizarme, mi genialidad, mi destreza y mi crueldad.

Ya lo he logrado y al fin mi verdadero sueño se cumple: ser una estrella del crimen.

FIN


C.V.R.W

No hay comentarios:

Publicar un comentario

¡Buscador de cuentos!