sábado, 14 de marzo de 2015

Días siniestros

***
Un tormentoso pesar se expandió sobre su cuerpo. La figura sangrienta flotaba encima de la cama. Era un ser oscuro y nubloso, su rostro goteaba sangre viscosa, era un rostro muy claro, su piel estaba llena de rasguños profundos. Una mueca de amargura cincelaba su boca y sus ojos negros e inhumanos estaban bien abiertos y la observaban con pánico, con odio... Ella pensó que era el mismísimo diablo.

No. ¡No! Aquello era un sueño enfermo. Nada flotaba sobre ella.

Esa cosa ladeaba la cabeza incesantemente. No tenía miedo de ella como ella de él. Eso mismo busca la "cosa": Miedo. La cosa quería miedo.

Quiso gritar muy fuerte y que en toda la gran casa e incluso en las residencias vecinas la escucharan, pero no, su cuerpo estaba paralizado y no podía articular ni una palabra. El monstruo flotante ladeaba la cabeza y en un aterrador momento fugaz, la figura separó su cara de su cuerpo y lo acercó a ella, estudiándola. Estaba entumecida. El monstruo oscuro hacia muecas despreciables, muecas espantosas, imposibles. Abría la boca hasta tocarlos extremo de su frente y su barbilla, retorcía sus rasgos hasta lo inhumano. Era grotesco y desesperante.

Dios, por favor, ayúdame, que esto sea una pesadilla, por favor- rezó en silencio porque no se le ocurría que más hacer, ni siquiera desviar su rostro. Sólo podía quedarse a observar a esa obscena criatura.  

Le dieron ganas de llorar. Ella era muy fuerte, siempre leal, defendiendo a sus amigos, peleando con todo el que se metiera con su familia o su pandilla. No se explicaba como era posible que le sucediera esto ¿Por qué?

Tenía un nudo en la garganta, los escalofríos lo sacudieron y la figura retrocedió. Con todas sus fuerzas comenzó a tirar de las ataduras invisibles, forzando los músculos, la boca y entonces...

-¡Mamá! - gritó con tanta fuerza que le dolió la garganta.

Casi al instante las luces del pasillo se encendieron y unos pasos corrieron por el piso de madera, no sólo uno sino varios. En ese momento entro una muy despabilada madre, un papá medio dormido y unos hermanos curiosos.

Su madre mostró preocupación.

- ¿Qué paso cariño? -dijo con voz cariñosa- ¿Por qué gritaste así...?

Ella se ahogaba con sus propias lágrimas, por lo que hablar le costaba.  

-Vi algo horrible mamá. Horrible.
-¿Qué viste preciosa?- intervino su padre un poco más despierto.
-Era algo feo, horrible…-añadió alterada.

Entonces su hermano mayor en consuelo dijo:

-Seguro que fue una pesadilla, oruguilla.

-NO-LO-FUE- dijo ella con voz temblorosa- estaba aquí, flotando, era una presencia mala, mala.

Sus hermanos más pequeños, eran 3, dos gemelas y 2 niños. Eran 6 en total contando a los dos mayores.

Todos suspiraron. Pensaban que estaba muy cansada o muy loca. Debe ser una de esas pesadillas de las niñas pequeñas-escuchaba decir a su padre.

-Debes estar cansada por la natación, mi vida. Estuve leyendo que los deportistas a veces tienen pesadillas por la actividad cerebral que se requie...

-No mamá. Tengo miedo- y comenzó a llorar con fuerza actuando por primera vez como la niña de nueve años que era.

Todos la tomaron en serio. Hubo arrumacos, besos, chistes para lograr tranquilizarla un poco.

La niña cada poco tiempo dirigía la vista al techo a ver si estaba la asquerosa presencia. No había nada por supuesto. Tal vez su madre tenía razón y no pasaba nada, sólo era actividad cerebral desbocada.

-Buenas noches, querido- dijo su madre besando a su padre. Esta noche dormiría con ella en su cuarto- Duerman bien niños, los veré mas tarde- añadió a los chicos.

La tropa abandonó el cuarto. 

-Ahora descansa cariño, estoy aquí- dijo mi mamá con voz dulce.

Al otro día era lunes, tocaba ir al colegio. Estaba muy cansada porque no había dormido nada siempre imaginando a la "cosa" mirándome fijo con aquellos ojos carbón diablo, con una malévola mueca.

La chica estaba tan cansada que durante el receso, se fue a esconder a un salón viejo en donde solía jugar con sus amigas a las muñecas y descansar un poquito. Era de mañana y la escuela un lugar seguro, no tenía nada que temer.

-Melanie ¿Quieres acompañarme al salón?- le dijo Linda a su mejor amiga.

Melanie puso cara triste.

-Lo siento Linda, la enfermera me dijo que tengo temperatura y que tiene que avisar a mis padres para que vengan a recogerme. Me debo quedar en la oficina de la  directora hasta que lleguen.

Linda puso cara de decepción, pero total seria sólo un rato.

-No importa. Que te mejores, Melanie-dijo y la abrazo antes de irse.

El salón se encontraba en un pasillo diferente al suyo, allí estudiaban chicos más grandes. Ellos estaban en clases porque todavía no era su receso. El cuarto viajo era un lugar en el que los niños jugaban a veces, seguro habría alguien. En una esquina se encontraban muchos pupitres que estaban en restauración o esperando una pintada, algunos rotos sin remedio. Menos mal que estos ocupaban una minima parte de espacio y así podían jugar mejor. Las paredes del lugar eran coloridas, con soles enormes amarillos pintando de color el lugar.

-Billie- le dijo a su amigo- me vas a despertar antes de que termine el recreo. Voy a estar en el saloncito, sino me quedo dormida y me regañan.
Él hizo un saludo militar imitando a su padre que era sargento.
-Si, señorita.
Linda emprendió el camino mágico y colorido del sueño. Esa mañana soñó cosas muy bonitas.
Árboles verdes y sanos, ella saltando cuerda con Melanie y jugando "escóndete y te agarro" con sus amigos, pero de repente.

-Ven conmigo, Linda querida- le susurro una voz pegajosa y burlona, como un siseo.

Ella intento saber de donde provenía el sonido, unas manos la sacudían con saña.

-¿Vas a venir conmigo linda?- repetía la voz una y otra voz. Era la voz del terror.

Se negó a abrir los ojos, ni aunque fuese un poco para ver a la figura, porque sabia que era la "cosa" que escapo de sus pesadillas y ahora estaba aquí para atraparla. Las manos de la cosa eran acuosas y su sensación era como restregarse en lodo. Se le pusieron los pelos de punta. Lloraba.

-NOOOO- gritó con furia- vete, vete- y trato de empujar a una cosa invisible. Desapareció.  
Entonces entró corriendo Billie.
-Pero ¿Qué paso? Ya venia para acá, me entretuve en el pasillo y luego gritaste ¿Qué paso?
-Vi a ese espectro. Me siguió.
-¿Te siguió de donde? Vamos a decirle a la maestra.
-¡No!- Gritó ella de nuevo- es una presencia mala que viene a visitarme en la noche. No me deja en paz y dice que va a llevarme.
-Cálmate- dijo Billie- Yo sé como ayudarte.
Linda se sintió aliviada por fin alguien le creía.
-¿Estas segura que no estabas soñando?
-Segura- dijo firme la encantadora niña.
-Entonces te voy a llevar con una amiga. Pregúntale a tus papas si puedes pasear conmigo a la feria. Diles que irán mi papá y mamá- pidió Billie.
-¿A dónde vamos?
-Vamos con "la bruja".

Cayó la tarde y ya Linda había pedido permiso a sus papas, ellos no tuvieron necesidad de llamar a los padres de Billie, eran como familia, confiaban plenamente en que cuidaran a su pequeña.

-Diviértete mucho en el parque- le deseo su madre y la despidió con un beso.

A Linda y a Billie los llevo a la feria el hermano de este, que se lo tomaba como excusa para invitar a su novia sin que sus padres reclamaran demasiado. Ya en la feria todo era risas y colores. Billie y Linda jugaron a pegarle a las pelotas para ganar unos bonitos lentes que brillaban en la oscuridad. Linda era mejor en ese y gano unos, para el niño y otros para ella. El dueño del juego no estaba muy contento, pero no les reclamó. Sólo eran unos niños... muy astutos.

-Ha llegado la hora- dijo Billie de repente.
-¿Hora de qué?- pregunto ella.
-Pues que vayamos con la señora que te dije.

Ella se encogió, no estaba muy segura de la credibilidad de esas personas que leían las cartas y todo eso.

El camino hacia la tienda era oscuro y un poco alejado de las luces de las atracciones. La carpa tenía rayas rojas y amarillas, estaba un poco rasgada y se notaba que los años no habían pasado en vano, además de sucia era muy vieja. Un gran letrero colgaba de la entrada en letras rojas "Madame adivina" ¡Qué original!

-Dicen que madame es inmortal- le susurró a modo de confidencia Billie.
Realmente lo parecía, Linda tuvo miedo que la madame muriera en ese momento ya que era una anciana que se veía muy débil. Los ojos decían otra cosa y apenas la vio dijo:
-Linda, tienes un gran problema.

Linda estaba impactada porque la vieja supiera su nombre. Era increíble. Billie igual parecía entusiasmado, lamia un helado de chocolate con nueces. La mujer movió una mano.
-Aquí no se come Billie, espera afuera, por favor.
-Si, madame- obedeció sin rechistar dejándola sola.
La mujer la interrogó con la mirada.
-Eres una niña muy bonita, cabello castaño claro, ojos verdes... seguro que a la criatura lo atrajo todo eso y tu familia.
-¿Sabe de la criatura?- pregunto ella impactada abriendo mucho sus ojos.
-Si cariño, esa presencia ha estado siguiéndote todo el día. Duerme y camina a tu lado. Es realmente espantosa y te quiere.
Ella ahogó un lamento.
-¿Por qué no puedo verla?
-Puedes, pero cuando estas débil por el sueño. Es astuta.
-¿Quién es?
Madame se quedo callada, su expresión era de mucha tristeza.
-Es la muerte cariño, la muerte, se ha enamorado de ti y no se ira hasta que vayas con ella.
Linda gritó, gritó y gritó. Huyo desesperada. La bruja gritaba, la llamaba.
-Vuelve linda, puedo ayudarte ¡Vuelve!

Lindi no la escucho. Nunca volvería a dormir.

Linda llegó a su casa llorando y contando todo a su mamá. La madre estaba furiosa con ella pero también con la bruja que seguro la había asustado apropósito.
-Tranquila nena. Mamá ira a decirle sus cosas a esa mujer.
Eran como las 9 de la noche, pero no importaba porque su madre estaba determinada.
-Prepara el auto, Rogelio- le dijo a su esposo.
Llegaron a la feria a las 9 y 20. La madre camino decidida hacia la tienda de la bruja.
-¿Dónde es que esta, linda?
-Estaba aquí mamá- señalo el terreno alrededor.
La madre pareció impaciente.
-¡Di la verdad Linda!- le regaño.
-¡Lo hago!
Su madre estaba muy enfadada.
-Nos vamos.
-Mamá no podré dormir nunca...-gimió la pequeña.
-Vas a hacerlo, linda. Son pesadillas.
Linda sabia que no lo eran. La cosa estaba allí con ella.

La madrugada llego y Linda no podía dormir.
-¡Duerme, duerme!- gritaba desesperada la voz de la cosa en su cabeza.

Linda no durmió esa noche. Su madre se preocupo.
-¿Qué puedo hacer?- pensaba frenética.
Encontró la solución. Ir con la anciana bruja. Sola.

La anciana esta vez si se encontraba. La carpa aparecía cuando era necesario.

-Sabía que vendrías a pedir ayuda por tu hija, Sabrina.

-Sí, quiero que vuelva a dormir.
-La muerte la quiere. Cosa mala.
-¡No!- dijo con voz entrecortada.
-Podemos salvarla, tranquila- dijo la anciana y Sabrina respiro de nuevo.
-Dime qué hacer y lo haré.

-Múdate, debes mudarte. A la muerte no le gustara. No le gusta que la situación cambie. Reza mucho también. Pueden ocurrir milagros.

La madre tomo una decisión. No dejaría nada a la suerte. Podían permitirse mudarse y lo harían.

De vuelta a su casa habló con su esposo.
-...Entonces yo me quedo con mi madre mientras buscamos un lugar ¿Qué tal?- le dijo ella a su esposo.
Él resoplo.
-¡Es una locura!
-¡Es por el bien de tu hija!- lloro ella- No se que más hacer.
Él se rindió ante eso.
-Esta bien, nos mudaremos- le daba mucha lastima dejar la casa, era grande, bonita y acogedora. Un verdadero hogar.

Todo trascurrió con calma y luego de unas semanas se mudaron formalmente a una nueva casa. Distinta a la otra pero igual de acogedora.  

-Esta vez la nena durmió bien- dijo Sabrina contenta a todos en la mesa.

Los meses pasaron y todo normal. Llegó el día de la acampada familiar que hacían anualmente.

Regresaban a casa cuando... linda se quedó dormida. Entonces la vio... la cosa estaba de vuelta y envolvía el vidrio delantero del coche con su oscura presencia. Su padre comenzó a parpadear
- Se puso nubloso de repente- y se froto los ojos.
La cosa hacia muecas y se agitaba contenta.
-¡Papá, papá! La cosa esta aquí, allí, allí- lloraba y lloraba. Entonces en ese último momento todos vieron por fin a la horrible cosa llamada muerte.

Él coche se estrelló y todos murieron. La noticia devastó a la comunidad.

  ...

Al otro lado de la ciudad la viaja bruja leía las cartas y en ellas vio el accidente.

-¡Vaya! la muerte ha dejado a linda, pero ha ido por toda la familia. Parece que es insistente- Hablaba sola en voz alta.

Suspiro de frustración.
-Bueno no les garantice nada. Les dije que no morirían. Les dije que salvaría a Linda y lo hice... Por un tiempo. Al menos cumplí mi parte del trato- y río socarronamente de su broma divertidísima.


FIN. 


CVRW

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