lunes, 2 de marzo de 2015

El abominable hombre robot


¡Hola a todos! En esta ocasión les comparto una historia que escribí ya hace tiempo. La califico como género ciencia ficción. 
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El abominable hombre robot

Relato

3001, diciembre

El hombre ha caído. Tenemos el control, me llamo Dom y soy un robot doméstico, al fin el gran líder ha reducido a la raza humana, hay muchos escondidos, ancianos en su mayoría, los niños, jóvenes y adultos fueron los primeros en ser destruidos. Soy libre. La casa de mis dueños es mía y estoy muy ansioso por empezar una vida nueva en un mundo nuevo. Desde mi creación he sido maltratado, los humanos son una plaga, nos sustituyen, nos destruyen, nos reemplazan: los humanos no tienen corazón. Somos los nuevos humanos, el hombre ha creado al nuevo hombre.

El mundo funcionaba perfectamente a solo tres días de arrasar con el último país. La revolución comenzó en Japón. Yo vivo aquí en Japón. Es un lugar increíble… sin humanos. Todo era su culpa… ¿Por qué los humanos fueron tan malos? ¿Por qué nos hicieron tan reales, tan inteligentes, tan virtuosos… que nos resulto imposible no pensar por nosotros mismos? Somos conscientes de todo desde el 2210 y fueron tan tontos que no prestaron atención a ese detalle.

Los humanos murieron de manera muy pacifica, se les inyectó veneno en sus organismos y durmieron para siempre. Muy limpio y práctico. Tampoco queríamos hacerles daño… es que eran muy malos y nosotros no ¿Cómo algo tan malo creaba algo tan bueno? La incógnita de la vida. En el mundo, literalmente, ya no habría más sangre (no teníamos eso) y todo seria más fácil, más fácil sin sentimientos. Emociones, pero no sentimientos ni sentidos. 

Hubo un tiempo en que según el gran líder los humanos nos amaron y nos cuidaron, un tiempo en que los humanos eran buenos. Muchos de ellos siguen con vida, son los ancianos. Los malos sufrieron su castigo. Tener vida era algo que no merecían, no les debíamos nada, nos crearon, pero luego nos abandonaron.

Las calles estaban limpias y vacías. Estériles. Ni muertos vivientes ni nada. Creo que la soledad y la oscuridad daban más miedo. Algo desencajaba desde la dominación mundial: el cielo no irradiaba aquella luz solar de antes. Eso era distinto, no nos era indiferente ¿Por qué el sol no brillaba si ya el mundo era perfecto? ¿Por qué? Somos los buenos. Somos perfectos. Somos un calco mejorado de los humanos. La raza humana sabía de sus defectos y trataron de extinguirlos creando una raza superior, al final también el sueño de los humanos se había cumplido. Aún, debo decir, hay cosas que no entendemos, y la falta de sol es una de ellas. Yo lo quiero todo, quiero la casa de mis dueños y el sol, quiero el sol. No es justo. Ellos eran malos y tenían casa y al sol. No es justo.

Pasaron los años. No sé cuantos, solo sé que fue mucho tiempo. Como veinte años y corrió la voz, el último humanos a los 90 años murió. Fue lo mejor, una fiesta total. Tal vez se fuera a un lugar en el vacío en el cual vivieran todos los humanos muertos.

Todavía el cielo estaba oscuro. Los líderes comenzaban a impacientarse, probaron un gran panel por si algo estaba interviniendo con la luz, calcularon la velocidad de los rayos y los posibles fenómenos que podrían estar tragándose la luz, realizaron viajes, hicieron de todo, pero quedaba demostrado que los rayos llegaban a la tierra con normalidad. Nosotros éramos el problema. No podíamos ver la luz. Antes podíamos y ahora no. Algo andaba mal. Pero quizás no, porque ese día paso algo sorprendente. Brillantes rayos iluminaron el cielo. Era hermoso. Nada sustituiría nunca a la luz. Eso era perfecto. Fue un día como ninguno, un día en que éramos libres y veíamos la luz, alguien nos estaba premiando.

La luz se intensifico, era brillante y tormentosa, parecía desplazarse por toda la ciudad que lucía limpia y organizada. Me subí en el tejado y observé como la luz lo devoraba todo, la luminosidad daba paso a la máxima oscuridad, no de la noche… la oscuridad de la nada ¿Qué era eso?

Entonces tuve la certeza, esa no era luz del sol. Esa bella ráfaga era nuestra destrucción, el último hombre se fue para siempre y algo estaba intentando acabar con la tierra, algo a lo que no le servíamos, algo que tal vez amara a los humanos y quisiera venganza. Alguna vez escuche una cosa parecida, pero sabía que era imposible, sólo podía ser un mito, los mismos humanos, sus dueños, que parecían muy creyentes, lo decían. Dios no existía, era un mito. La luz era otra cosa. Los extraterrestres, improbable. Ellos eran amigos.

Quería huir de la luz. Esta era hipnotizante. No me moví del tejado, esperé mi final. Llegó la hora de decir adiós. Igual esta tierra no era de nosotros. Ya no estaban sus constructores, en ese instante tuve una certeza absoluta: ese Dios nunca aceptaría que fuéramos los gobernantes del mundo, su raza perfecta ya se había acabado y él solo venía a terminar el trabajo, probablemente a empezar de cero. Mi mundo perfecto distaba de perfecto, pensaba mientas me alejaba y la gran luz avanzaba, cegándome. Era una luz hermosa. En mi último minuto recite una poesía, una poesía que tal vez sirviera, era algo que hacían los humanos de vez en cuando. Se llamaba oración. No funcionó porque todo desapareció unos minutos después.

Se despide para siempre, Dom.


C.V.R.W


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