viernes, 18 de septiembre de 2015

Cuento: La serpiente mágica

Adele M. Fielde


Versión de "La bella y la bestia"


***

Había una vez un hombre que tenía tres hijas a las que adoraba. Cada día, al regreso de su trabajo, el padre recogía una flor diferente y se la llevaba a sus hijas para que la usaran como modelo en sus labores. Las muchachas eran hábiles bordadoras. Un día, el hombre no encontró ninguna flor en su camino habitual. Para no volver con las manos vacías, se internó en el bosque en busca de capullos silvestres. ¡Pobre de él! ¡Estaba entrando en los dominios de una serpiente mágica! La serpiente le saltó encima, se enroscó alrededor de su cuerpo y lo apretó con fuerza. Luego, lo acusó de invadir su jardín. El hombre respondió que solo había entrado para buscar unas pocas flores para sus hijas, que ellas se sentirían decepcionadas
si él volvía a casa sin el regalo de siempre.

La serpiente le preguntó cuántas hijas tenía, cómo se llamaban y qué edades tenían. El hombre respondió a todas las preguntas pero la serpiente no lo soltó. La serpiente le dijo que solo le devolvería su libertad si le prometía la mano de una de las muchachas en matrimonio. El pobre hombre probó con todos los argumentos que se le ocurrían, pero la serpiente no quiso aceptar otro rescate. Finalmente, el padre, temiendo lo que podría sucederles a sus hijas si él llegaba a morir, dio la promesa requerida y se fue a su casa. Esa noche no pudo comer la cena pensando en el poder que tienen las criaturas mágicas para dañar a quienes las ofenden.

Pasaron algunos días, pero, aunque sus hijas le preparaban cuidadosamente las comidas, él no iba a la mesa. Las niñas se preguntaban por qué estaría triste y decidieron que una de ellas debía de haberlo disgustado. Para averiguar quién había sido, cada una iría a incitarlo a comer.

Primero fue la mayor. Le dijo cuánto la apenaba ver a su padre sin apetito y lo animó a probar, al menos, un bocado. Él le respondió que comería si, por su propio bien, ella se casaba con la serpiente a quien él mismo le había prometido una esposa. La hija mayor se negó rotundamente a cumplir con el contrato de su padre y él quedó todavía más triste y abatido que antes.

Entonces, la segunda hija fue a rogarle que comiera; pero, cuando escuchó el mismo pedido, ella también se negó a cumplir con la promesa.

Finalmente, la hija menor entró y le suplicó a su padre que comiera. Cuando oyó la historia, enseguida declaró que, si él cuidaba debidamente de su salud, ella se casaría con la serpiente. El padre entonces comenzó a comer otra vez, los días fueron pasando sin traer nuevas calamidades y el bienestar de la familia pareció a salvo por un tiempo.

Pero una mañana, mientras las jóvenes estaban ocupadas con sus bordados, una avispa entró volando por la ventana y se puso a cantar:

¡Bsss!, zumbando entro
y zumbando reclamo
¿Quién desposará a la serpiente,
mi amo?


Cada vez que la avispa intentaba posarse, las niñas la pinchaban con sus agujas; hasta que, finalmente, la avispa huyó por donde había venido. A la mañana siguiente, entraron dos avispas y cantaron la misma rima. La tercera mañana, entraron tres avispas; la cantidad de avispas aumentaba a medida que pasaban los días, hasta que las niñas no pudieron librarse de ellas ni soportar sus picaduras.

Entonces, la hija menor dijo que iría a buscar a su extraño prometido para librar a la familia de la plaga de zumbadoras. Las avispas la acompañaron por el camino y la guiaron hasta el bosque. La serpiente mágica la estaba esperando en la puerta de un palacio que había construido para ella. En las amplias habitaciones del palacio, la niña encontró muebles tallados y adornados con piedras preciosas; cajones repletos de telas de seda; cofres con jade, joyas y oro. La serpiente tenía unos ojos hermosos y una voz muy musical, pero su piel era escamosa; y la muchacha tembló de solo pensar en verla todos los días.

Después de la cena de casamiento, que comieron a solas, la muchacha le dijo a su esposo que apreciaba todo lo que le había dado y que al día siguiente ella comenzaría con sus tareas domésticas. Por muchos días, la muchacha mantuvo la casa ordenada, cocinó y se ocupó de que todo fuera agradable para su repulsivo esposo. Él la adoraba y languidecía cuando ella no estaba a la vista. Era tan atento a sus deseos y a su bienestar que, poco a poco, ella llegó a disfrutar de su compañía y a sentirse sola cuando él se ausentaba.

Un día, la muchacha descubrió que el pozo estaba seco y tuvo que adentrarse en el bosque en busca de agua. Caminó muchas horas hasta encontrar un manantial. Cuando finalmente logró regresar a casa cargando el agua, encontró a la serpiente muriendo de sed. Para salvarle la vida, la tomó y la sumergió por completo en el agua. Unos segundos después, emergió del agua un hombre apuesto y fuerte.

La muchacha lo miró sin comprender y él le contó que había estado atrapado en el cuerpo de la serpiente por un encanto maligno.Al fin, gracias a su compasión, se había liberado. Desde ese día, la muchacha junto a su dulce esposo fueron a visitar a su padre y sus hermanas. También visitaban a quienes eran menos felices que ellos y les llevaban bonitos regalos.

FIN


**PD: Disculpen por no identificar al ilustrador, es que no lo señalaba en el texto. Los que participaron como diseñadores en el libro del que saqué la historia fueron: Alicia Badalan, Mariana Chiesa, David Álvarez, Claudia Legnazzi.

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